ImagenLa vi un día de agosto del cual tengo aun el recuerdo,  estaba en una de las esquinas de Alto Songo salteando entre los transeúntes en la búsqueda de un camión de periodo especial que la llevara a Santiago de Cuba, alguien me dijo “Esa es Susana” y sentí el temblor del adolescente ante la muchacha que lo mira desde la mesa contigua, me inventé la pregunta que le haría  pero ya casi frente a ella,  vi como se la  tragaba un  Internacional de los años cincuenta.

Se había ido otra vez, ya tenía películas que la colocaban en el sendero de los cineastas que aspiran el aire a boconadas luminosas, esta niña ¿caprichosa? que había estudiado en la Escuela Secundaria Miguel Domínguez Téllez y militado verso tras verso en el taller literario de la casa de cultura comunal se hacía inalcanzable.

 Pasado el tiempo y las águilas y nuevos transeúntes, me dijeron que había llegado. Volvía la muchacha a Alto Songo y me lancé a su búsqueda, esta vez atravesaría todo Ricardo Rizo y me iría justo detrás del cine local, el sitio donde aun no se ha estrenado ni una de sus películas y hablaríamos de su “Patria”o de “Cómo construir un barco” pero justo al pasar frente  a barbería donde Manet cantaba las obras de Sindo, la poetisa Maylin Ross me dijo que  ya no estaba, se había ido a La Habana no sabíamos por qué,  o sí, pero ya no íbamos a pensar en tales cosas.

 Ya con las esperanzas situadas en otras lecturas y haciendo los días como se puede en un parque de provincia supimos, así como se conocen los cables de guerra, que Susana Barriga en febrero 2009 había sido premiada en La Berlinale, su nombre apareció en los periódicos nacionales y los críticos hablaban de una renovadora del documental cubano, una nueva manera de implicar melodrama y documentalística  y todo la hacía enorme, como quien ya sabe qué hacer  con  la luz.

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Desde ese 2009  a Susana Barriga  se le cita con facilidad en artículos sobre cine cubano y se habla de premios obtenidos por ella como el de San Sebastián, el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana o  el Festival de Cine de Chicago.

Su película The Illusion, se ha convertido en un hito, la muchacha ha mezclado su vida, la tragedia de un padre a quien  ha perdido de vista, su reencuentro temible en  un Londres, gris y esquivo con el cine de este tiempo, así bajo el riesgo de poner en las pupilas del mundo su drama ha sabido imponerse en una suerte de irreverencia triste pero acertada.

 Luego supe de ella, impartiría  un curso de narrativa documental en la Ciudad Luz. Leo los artículos y me emociona saber que volverá a su pueblo, a Alto Songo,  y que no me quedaré sin hablarle. La buscaré en su misma “Patria” para que me hable de “Cómo Construir un barco” y haga al fin posible la ilusión de conocer a esa muchacha intensa y escurridiza llamada Susana Barriga.

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