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Yusa está cantando de manera impresionante, su voz se acomoda en la canción como si la canción le perteneciera y no hablo solo de sus temas, porque va de José Antonio Méndez  a César Portillo , a  kelvis Ochoa , Charly García o Noel Nicola. Estamos en Café Vinilo, el calor de Buenos aires parace Santiago de Cuba,  se desprende del techo y se instala en nosotros que somos una tropa cosmopolita . Hay franceses, chilenos y claro está argentinos y cubanos, ocupamos una mesa a la derecha del café compuesto por varias filas y un pequeño balcón desde donde cae también algún silbido cómplice, sin dudas, seguidores habituales de la cubana.

Yusa está sola en el escenario, o no,  está con todas sus Yusas: la pianista, la bajista  impresionante, la Yusa que se apega a la guitarra y dice sus versos, la tresera graduada en el Instituto superior de arte ; Yusimil López Bridón, esa negra hermosa que se trepa al escenario y habla su país, Cuba es entonces Buenos Aires y en esta noche hasta sopla un calor intenso.

Es difícil definir a Yusa, esta  mujer es multiinstrumentista, cantante (cada vez de más altura),  autora y en la escena se abre y le miramos casi el alma, la nación que se le derrama. Ella misma ha dicho que no es trovadora, pero en su guitarra se escucha  tanto Sindo Garay como Miguel Matamoros en su tres, y no es Jazzista pero en su bajo los acordes e improvisaciones dan cuenta de un conocimiento profundo que puede ir de  un Yako Pastorius a un de Feliciano Arango, así va esta mujer que es todo a la vez; o sea, trovadora, jazzista,  cantante . Yusa , entregada y sola y múltiple en escena.

No olvido que estamos en Café Vinilo, es una noche de calores intensos en Buenos Aires y escuchamos a Yusa. En su primer bloque de canciones la muchacha se entregó a los fieles, sabe que hay entre los jóvenes de esta ciudad de tango y Maga, de Borges y milongas una fidelidad a su sonido que le permite irse al piano o a la guitarra y cantar a César Portillo de la Luz “sin explicar nada”, como si todos debieran saber del filinero y así se va canción tras canción casi sin hablar pero la gente la disfruta hasta que decide cortar y advierte que volvería. La noche avanza lenta, el calor donde estamos no amaina, las mujeres comienzan abanicarse con las postales recogidas en las entradas, volvemos a pedir cervezas y algo para picar, los chilenos prefieren vegetales  pero coinciden es que es buena la cubana , el calor es mayor parece y se va el tiempo hasta que vuelve Yusa.

En el segundo bloque Yusa parece más dueña de todo, se le ve secarse el rostro con una toalla que usa una y otra vez, aprovecha que cambia de instrumento y se seca la noche derramada en el cuerpo. Hace chistes, se ríe de sí misma, de lo vivido con otros músicos, hace el relato de una nueva canción escuchada en su carro y la canta como si la hubiera ensayado mil veces y le damos el aplauso y todo es como aparecer en una actuación cuasi formal hasta que agarra el bajo y en medio de acordes impresionantes canta Símbolo de Paz de Charly García, ya entonces los de la mesa  se volvieron hacia mí y aprobaban, “No es buena, es extraordinaria esa cubana” y me siento feliz de estar ahí, y escucharla con su acento de habanera, con su bajo perfecto, con tres único.

No puedo decir si fueron más de dos horas, al menos eso parecía, al terminar con “Amor de millones”, Yusa aferrada al tres hizo un solo que arrancó un aplauso definitorio, era la aprobación absoluta, el instrumento y ella lo podían todo en ese instante, por eso se fue y de tanto aplauso tuvo que salir y tocar otra pieza, ya se había olvidado el calor en el Vinilo, las botellas de cerveza mostraban el fondo y quedamos todos atrapados en ese estribillo que nos dejó Sara González: “Amor Mío no te vayas” pero Yusa tenía que atravesar la oscuridad y perderse entre las largas cortinas para que pudiéramos terminar de aplaudir todo ese talento, toda esa verdad.