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O novela o Cruz

YoYo quiero escribir una gran novela, al menos una novela seria, que tenga un antihéroe fascinante, que estremezca y hable de la cualidad de un hombre para valerse de sí mismo y salir adelante. Una historia que no sea esucàlida como las que pretende Padura, pero que le guste a los críticos y a Oscar Cruz.

Eso último es un poco difícil, pero igual quiero escribir y que me publiquen 50 mil ejemplares en toda la isla. Escribir sobre ese hombre, el antihéroe que va a nacer en una caja de fósforos, pequeño, y que va a fascinar a quienes lo descubran, y los va a dominar poco a poco, sin que se den cuenta de que ese liliputiense tiene poderes especiales, Como Cruz, y va a dominar el municipio, va a dominar al gobierno , a  la OEA, ese hombrecito pequeño luego va a dominar el mundo,  que me lean quiero.

Solo hay un par de cosas, que estoy en provincias  y ya no en provincias, porque al fin y al cabo Teresa Melo puede estar con Amaury Pérez, Reynaldo García Blanco se gana el Casa, León Estrada sigue siendo ese grande y Claro Oscar Cruz, pero no es solo eso; es que estoy en un  municipio, lejano de todo, y me dirán que  Eduard Encina, pero ese es otro cuento, digamos mejor, otro poema.

En fin quiero escribir esa novela y cuando ya pueda ganarme un premio importante, que me entreviste Magda Resik con esa voz encantadora, y estar en Escriba y lea , La gaceta , El Caimán, quien sabe si en Granma y que me paguen 3000 CUC.

Todo es con el hombrecito de la caja de fósforos, sin irme de mi oficina , sin irme de este lugar , pero hay un par de cosas.

¿Quièn realmente lee?  Si aspiro a lectores latinoamericanos, tendría que decir que hay unos 40 millones de analfabetos según cifras de la Unesco, se dice que  el 8% de las personas de 15 años o más se declaran incapaces de leer y escribir un recado. Claro son 625 millones de posibles lectores, ah , habría que  contar los otros idiomas, aunque la verdad también quisiera que me tradujeran como a Padura o a Abilio Estévez , al fin y al cabo también sería mío el reino.

Bueno , pero se pierden  millones de lectores por analfabetismo y además, cuando entre a colocar mi novela sobre el pequeño hombre en su caja de fósforo, el hombre de testosterona y falo prominente que domina hasta a La OEA, entonces encontrarìa otros problemas. ¿Cómo me promociono en Cuba? si el pequeño de Liliput no habla de la basura del país, si no dice que un policía se le pone detrás con la verga erguida a la presidente de los CDR, o si en zona contraria no cita a un héroe, entonces no habría promoción. No podría tener más lectores potenciales en mi isla y eso es complejo, difícil, casi temeroso.

El propio Eduard Encina se quejaba hace muy poco en su blog, la promoción es mala , la feria se ha convertido, según el autor, en algo que denigra en cierto punto, no hay promoción del escritor y su obra sino más bien un despliegue informativo sobre la cantidad de lectores y eso también va contra mí, contra el enano en su caja de fósforos.

Dicen  que cada vez se lee menos, el mismísimo Harold Bloom, ese gurù insoportable ha dicho: ¨la lectura “cuidadosa y escrupulosa, desinteresada” es un arte que agoniza¨. Hay quien afirma que no lee una novela completa, y se dice que los nuevos lectores andan en las pantallas de internet que es solo hora de best sellers y de  los blockbusters.

Sumemos a lo dicho que  cada vez se crean más multicines, más series, se hace más pop y la gente tiene menos tiempo, aún así yo escribo y le pido a ustedes que escriban y no sean mojigatos, no teman; digan sus amargas verdades, escríbalas con la sangre, con el sexo, con las sienes; aunque no vengan a escuchar, aunque los dejen solos, aunque no vayan al programa de Amaury Pérez o ganen el Casa o tengan encima una Cruz, escriban. Es lo más importante, el lector , ya vendrá o no. Terminen la novela de ese hombre de Liliput.

1.(2014, diciembre 9). Harold Bloom: “Todos los días recibo correos con el mismo lamento …. Se recuperó el abril 22, 2017 de http://cultura.elpais.com/cultura/2014/12/08/actualidad/1418055903_266402.html

Murió E.L Doctorrow

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Harold Bloom tiene toda una teoría solitaria de por qué leer, yo leo para fascinarme, no me queda otra vuelta; entre el dolor que de tanto serlo es casi un músculo,  la metralla y el amor uno se hace un país para sí mismo, lo amolda, lo pone bajo la sien y descansa. Yo leo para fascinarme, para aniquilarme y fornicar.

Por eso cuando se mueren los que dan esos alimentos uno hace el silencio que toca, en tanto ajetreo por el medio siglo de esta ciudad mía ni me di cuenta de que se había muerto E. L Doctorrow, el autor de una novela imprescindible. Ragtime, un libro que Milos Forman llevó a cine y lo hizo paranoico, pero  por suerte  el libro se encuentra en papel aun y uno puede fascinarse, aniquilarse, fornicar.

A Doctorrow se le dice un hombre que tenía  influencias de lo que se llamó Nuevo periodismo y que fuera acuñado luego de la publicación de A sangre fría (Truman Capote, 1965), pero ciertamente sus obras tenían esa perfecta mezcla de lo real y lo real- interpretado que son una verdadera delicia.

Doctorrow, no lo había dicho,  saltó de la vida el pasado 22 de julio y dejó una carrera intensa con premios de los más importantes de Estados Unidos, digamos el  National Book Award o  el Pen/Faulkner.

Doctorrow escribió otros libros también fundamentales como El Libro de Daniel o La gran marcha, pero yo me he quedado siempre con Ragtime, por eso, ahora que tarde hablo de su muerte repito lo de nuestro ponderado vecino Barack Obama: “Sus libros me enseñaron mucho. Lo echaremos de menos”.

Murió Oscar Hijuelos

Oscar Hijuelos

Oscar Hijuelos

La diáspora cubana muchas veces nos llena de pesar profundo, se mueren los pejes gordos y uno ni sabe, visitan la ciudad verbal o real y se entera ya cuando el viento deshace el remolino y quedan solo algunas voces sin mucho sabor, tan descoloridas ya.

Ahora ha sido Oscar Hijuelos quien murió  a los 62 años, di que se desplomó en plena cancha de tenis y quedó tendido eternamente.

Aquí me llegó hace un par de años de mano de Jorge Cobas, un poeta de Songo – La Maya, su novela “Los reyes del mambo cantan canciones de amor, tenía las tapas carcomidas del manoseo. Era; es una obra dividida en dos caras como un disco negro, un texto sólido como pocos que habla sobre dos hermanos de apellido Castillo quienes sobrevivían en medio del furor de la música en Nueva York en los años 50.

Nunca olvido cuánto reí cuando al descubrir que aquellos hermanos robaban en un cárnico los bistecs que luego repartían a sus amigos; claro y disfruté también de toda aquella historia tremenda de Hijuelos, un hijo de Cubanos que nació en Manhattan por el año 51.

Aun cuando The new York Times se empeñe en recordar aquello de que (He) “was said to have been more American-Cuban than Cuban-American, o sea que era más americano cubano que lo contrario, a mí que he vivido todos mis años en esta isla y quien leyó su principal obra me da el olor tremendo de la cubanía en sus letras.
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Y no porque se le considere el hombre que luego de 150 años haya puesto en medio de la literatura del norte el sabor cubano o porque se nombre como el más importante entre los escritores hispanos en Estados Unidos o sea el primer latino en ganar el Premio Pulitzer de Literatura.

No, lo siento mío, nuestro, de Cuba como me pasa con Cristina García o Sandra Cisneros, Julia Álvarez o José Kózer, Uva de Aragón o Achy Obejas o todos esos grandes hombres y mujeres que allende los mares, y muchas veces con un pensamiento totalmente antagónico al mío logran que nos encontremos en cada letra teniendo por medio nada más su talento y mi sed de lector.

Por eso cuando el sábado 12 de octubre de 2013  Oscar Hijuelos quedaba tendido por siempre en medio de un partido de tenis, este humilde lector suyo en su añosa computadora y con una conexión horrible con el siglo que nos toca, sintió el dolor de quien pierde a otro de los suyos, el hombre que nos enseñó que “Los reyes del mambo tocan canciones de amor” y en el caso de este cubano nacido en el norte, son canciones muy buenas.

Desde este humilde sitio le decimos adiós a Oscar Hijuelos.

Ah, nuevo peridismo que envejece, danos letra y fe

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Casi todo el mundo lo sabe, Leonardo Padura disparó las ventas de Juventud rebelde. El autor de Fiebre de caballo, Vientos de cuaresma o La novela de mi Vida, dejó rodar por las páginas del diario de la Juventud Cubana reportajes donde lo mismo creaba ambientes que entrevistaba muertos, allí la ficción hacía sitio entre los renglones donde también había luz para la realidad.

Gabriel García Márquez, otro creador de mundos imaginarios, disparó también la circulación de un diario colombiano cuando se apareció con un largo escrito titulado Relatos de un náufrago. La saga describía las peripecias de un hombre para sobrevivir varias semanas en medio del mar. Ambos autores han sido beneficiados por la crítica y el público y son en gran medida paradigmas de muchos creadores de hoy.

Para suerte nuestra y sobrepasado, al menos en parte, el tiempo de las encarnizadas disputas sobre el llamado Nuevo Periodismo ambos autores se muestran halagados cuando se les llama periodistas. Padura, filólogo de profesión ejerció en revistas como El Caimán Barbudo y Juventud Rebelde, y aún cuando la fama lo haya acogido entre las volteretas de su policía Mario Conde, se muestra más que efusivo al hablar de su texto Los Rostros de la salsa donde periodismo y literatura se lanzan a la descripción de una taberna neoyorquina al tiempo que arranca de los labios del legendario Cachao la noticia de que este viejo contrabajista sabe por qué mataron a Chano Pozo.

De García Márquez casi no es necesario hablar, polémico hasta la propuesta de eliminar la ortografía, decir que Armando Manzanero es el mejor poeta de América Latina o que Shakira es una de las mejores cosas que le han pasado a Colombia; el Gabo, como suelen llamarlo sus íntimos, vivió mucho tiempo del periodismo y lo ha unido a su novelística al punto de crear ese largo híbrido titulado Crónica de una muerte anunciada, este hombre tiene además el tino de considerar al periodismo como una arte mayor. Evidentemente, tanto el autor de Vientos de cuaresma, como el de El amor en los tiempos del cólera parecen reconocer que “el buen uso del lenguaje es por antonomasia , el elemento clave de la comunicación”.

Las dos figuras citadas anteriormente asimilan sin tapujos la doble condición de periodistas y escritores, como mismo ha sucedido con otros autores de la altura de Carpentier; sin embargo no siempre esta dualidad tuvo tan buena acogida.

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Tom Wolf en su libro El nuevo periodismo dice que a los periodistas durante los primeros años de la década del sesenta se “ les consideraba principalmente como operarios pagados al día que extraían pedazos de información bruta para mejor uso de escritores de mayor sensibilidad” ; pero el periodismo siguió su desarrollo lógico hasta que una obra impactó lo mismo al más común pistero que a los escritores de pluma refinada; Truman Capote, un narrador de reconocido prestigio, se lanzaría a la pesquisa del asesinato de una familia de granjeros por dos muchachos que sin más intenciones que las de hacerse de un poco de dinero , se vieron convertidos en verdaderos criminales quienes esperaban el final en el corredor de la muerte .

Hasta allí se fue el novelista e hizo periodismo del más puro para publicar luego, estertor tras estertor, toda la historia A sangre fría en The New Yorker en el otoño de 1965. Un año después aparecería como toda una novela; aunque el propio Truman Capote se alejó de la etiqueta de Nuevo Periodismo y acuñó el término de Novela sin ficción que evidentemente no es lo mismo , pero es igual. Pero con Capote sólo se inició una era seguida por otros coterráneos suyos como el mismísimo Norman Mailer o el ya citado Tom Wolf.

Desde la aparición de trabajos como el de Capote el periodismo daría un vuelco, en un principio apegado a la crónica y luego disparado por el telégrafo a una objetividad a toda costa, se encontraba el periodismo una vez más en el ámbito más humano. Otra vez los seres de todos los días con sus historias comunes , sus maneras de decir , los sonidos guturales y las sombras o las luces de cada cual reflejados con pinceles finos .” Hacer que pase a primer plano lo humano, la persona detrás de la palabra”, solo quedaría entonces la forma de abordar la noticia, no se trata de falsear la realidad sino de darle forma, al fin y al cabo, como diría Leon Bloy “ El esplendor del estilo no es un lujo, es una necesidad”. Claro que el asunto entonces no sería mínimo, no todo los escritores son Shakespeare aún cuando al decir de Borges todos los lectores lo sean , este Nuevo Periodismo exige la pericia y el talento creador de sus ejecutores.

No todos tendrán la oportunidad de hacer que se disparen las ventas de Juventud Rebelde o que todo un país detenga sus ojos ante la saga de un hombre solitario en el mar. Lo lindo, no es necesariamente creativo, ni literario, Hay Corin Tellado, y poetastros y hasta Vargas Vila y el periodismo no queda exento de esos males.

Irse hasta Iraq y ver cómo los disparos se hunden en el horizonte de la antigua Mesopotamia no debe convertirse necesariamente en un buen reportaje; sin embargo una fiesta nocturna , o un grupo de jóvenes colgando sus existencias del techo de una guagua , pueden convertirse en un sobresaliente trabajo periodístico, siempre en dependencia de las cualidades del autor y de cuanto se ha preparado para enfrentar una nueva manera de decir la verdad circundante.

“ La literatura crea simulacros de la realidad” ;sin embargo en las obras de los
ya nombrados Mailer o Capote o incluso en la novela histórica tan de moda en estos días, la realidad solo se ve retocada, el simulacro es de una levedad inusitada y solo se es subjetivo en el punto en que debe serlo toda persona quien lleva el mensaje a otro desde su labio o desde su escritura, toda palabra que repetimos lleva un tono distinto, una nueva inflexión de la voz, pero el significado puede salir apenas tocado .

los principios de este llamado Nuevo Periodismo, Periodismo Personal o Literario nadie acaba de definirlo. Hay quien lo ubica incluso en las crónicas de Indias o hasta en los viajes de Marco Polo y se citan a personalidades tan relevantes como Víctor Hugo, Rubén Darío o José Martí; cada una de estas personalidades , se dice, ha apostado por una estilización de la noticia que la lleva a rango de literatura que es hacerla trascendental, no letra efímera. Obras como Reportaje al pie de la orca, Relatos de un náufrago o Guerra en Paterson pueden inscribirse dentro de los trabajos que traspasan los límites del periódico para quedar de una manera indiscutible en la historia; esos trabajos , sin embargo no son necesariamente literatura, en ellos la realidad florece y da frutos, solo que al unirse a ese arte , hecho para trascender en el tiempo y no en la realidad inmediata que es el periodismo, encuentran un sendero más alto; sin embargo, al acercarnos a algunos periodistas que han falseado la realidad como es el caso de Yanet Cook , a quien se le retiró el Pulitzer por haber creado un reportaje sobre un niño que se inyectaba heroína con el consentimiento de su madre o más recientemente a Jayson Blair , tendríamos que preguntarnos ¿ qué son? , la Cook, falseó, parece la dirección , el nombre y la vida de unas personas que solo existían en su imaginación , y claro, en su reportaje, pero como ya se ha analizado en otras páginas esa realidad se sucede en muchos barrios del mundo; de una manera u otra, con matices de aquí o allá .

El trabajo de Yanet Cook, como cualquier obra de Updike, Doctorrow, John Kennedy , Kurt Vannegut o cualquiera de los periodistas de los tantas publicaciones de Estados Unidos muestra un trozo de la realidad, Qué será entonces ese escrito donde el hecho se falsea a nivel de personaje , pero nunca a nivel social, el pequeño de la Cook pudo haberse llamado niño , como mismo los personajes del Ragtime de E.L Doctorrow se llaman Hermano Menor , Padre o Madre; a la Cook , y en esto coincido con García Márquez debía habérsele dado algún premio literario o cuando menos aceptado entre las filas de quienes van creando otro periodismo, quién sabe si Literatura periodística o cualquier otra terminología que se instalara después en el vocabulario de la mayoría.

Hoy el mundo tiene, como todos saben la tendencia a la homogeneidad, los Japoneses han dejado en la historia los kimonos, los chinos aparentemente se americanizan y al mismo tiempo invaden , con las mismas vertientes comerciales las tiendas de todo el mundo, Microsoft brilla en las computadoras de todo el universo , y los hindúes crecen viendo películas de su Bolliwod.

Cada vez el mundo es más pequeño y George Orwell se ve superado. El gran hermano es mucho más fuerte a unos pocos años del mil novecientos ochenta y cuatro. El periodismo debe acomodarse entonces en su época, tomar de la literatura y encontrar nuevas olas dejar entrar en él , sin tapujos, asuntos tan modernos como la informática o Internet.
Ya los hay quienes hablan del fin del periodismo, pero como mismo ha sucedido con muchas otras vertientes; y recordemos cuánto se habló del fin del teatro cuando el cine se hizo posible, y de la radio al surgir la televisión , el periodismo solo encontrará mejor traje, ese que llamado nuevo, literario o personal.
El siglo veintiuno se nos plantea entonces con nuevos retos, solo queda usar bien las influencias de los maestros de uno y otro sitio. Nadie impide que el talento se abra en Juventud Rebelde, Gramma , Trabajadores o en cualquier radio o televisión cubana, pero será con periodismo creativo que podremos dejar la verdad en la vida de los hombres y las mujeres de nuestra isla y esa mezcla de literatura y prensa es la mejor vía para hacerlo posible. Hacer de lo humano lo humano y de lo divino la posibilidad de humanizarlo, pero no solo en la prensa plana, la literatura debe pasar en su creatividad hasta el radio , la Internet y la televisión nuestra, pensemos en López Vigil cuando dice “lo que no se mueve, se muere”.

El hombre o la mujer común de hoy se enfrenta a la invasión mediática sostenida y escondido en un periodismo encartonado y pobre solo los estaremos empujando a que se dejen seducir por los cantos de sirena y quedarían entonces tan solos como aquel náufrago de García Márquez, condenados a la soledad de la mentira, por los siglos de los siglos.