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“La ya avanzada edad me ha enseñado la resignación de ser Borges”.

Jorge Luis Borges. Claro està.

Con 45 años he dejado de creer en los congresos. Poco se avanza y cuando caminas se corre el riesgo de que el retroceso lo ponga quien ni siquiera ve bien el timón de la nave que llevamos.

Mientras haya alguien con potestad para patear el tablero, el diàlogo no será más que una mera exposición de conveniencias, por tanto, mantengo cerrado el pico y espero. Lo peor es eso, espero, tengo mi cuota de fe instalada como un chip, como un verso tremebundo, ahí está y espero.

Esta vez  (Asamblea provincial 10mo Congreso de la Upec) escuchè a mis colegas enunciar posibles cooperativas, pedir que se les pague al fin cuanto se debe según su capacidad y su trabajo, que destraben burocratismos para ganar algo más de plata y que se pueda hablar como la gente.

Coño pero si la gente es promiscua, reggaetonera, culta, saca cuchillo, mata, cría cerdos y planta flor o hace verso y se caga en la madre del verdulero. Veremos. Yo me quedo en ese mutismo que me traen mis 45 años y escribo. Es la única manera de matar el aburrimiento, de luchar; mientras veo que del otro lado hay alguien que puede patear el tablero, apuntarte con el índice, sacar a brillar el peligro. Yo pongo estos puntos suspensivos…

 

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