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¨Me voy del país¨, se lo digo a mis amigos y me regalan una risa en la que siento mil cosas. Saben que en breve debo estar en pleno aire, con la isla debajo rencorosa acaso, parpadeante, con su risa a veces ladeada. La isla que soportó mi peso todos estos años.

¨Tas loco¨, me ha dicho Fela, una viejita que cuida a mi hija; porque vio las temibles heridas causadas cuando los gendarmes apalearon a quienes protestaron contra despidos en Buenos Aires.

¨Ten cuidado mijo¨, me dice toda mi madre porque el tema está en el noticiero y ya se fue mi hermano a Los Ángeles y mi padre es una ausencia ruidosa desde que se fue a la muerte y otro de mis hermanos tiene tanto frío que ni escribe a veces.

¨Me voy¨ y los hay quienes brillan casi: ¨Coñooo, asere, te lo mereces¨ y me abrazó con su gana mayor un profesor de educación fisca, diploma de oro y lector de Shakespeare quien vende zapatos en su barrio y sueña con dar clases otra vez y que le paguen justamente.

Si fuera 20 años atrás yo sería una escoria, una mierda, un lumpen, una cosa temible pero cambié yo y cambió la ciudad y el país, y mi vecino millonario con su pulóver Jesús Menéndez.

Es otra la isla que estará bajo las alas del avión si vuelve a pasar como otras dos veces, a mi vuelta sé que daré el mismo abrazo y Fela estará contenta y mi madre feliz y mi hija y creo que también la isla, pero ya me imagino las miradas de algunos amigos, que me quieren, sin dudas; e imagino propondrían lo mejor para mi. Casi puedo ver las palabras salirles de los labios como en ese film de Tarantino: ¨Comemierda¨, dicen, pero igual estaré para escucharlos porque la verdad no sé vivir sin este hermoso país.

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