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Como en uno de esos primeros rounds en que los boxeadores se van estudiando hasta el suspiro trascurrieron los dos días de enero en que los cubanos y los del norte hablarían, cada uno en su espacio, mirando, tirando un jab y otro y el público se ha replegado en sus asientos, pero no era quizá el combate que esperaban.

No sé qué habrán marcado los jueces  en sus tarjetas, sin embargo entendí que la palidez de este asalto era totalmente lógica. No en vano se han evadido tanto tiempo ambos contrarios, tuvieron un pesaje difícil, conferencias de prensa complicadas y largos entrenamientos. Ahora uno espera un golpe que fulmine pero no es tan fácil el asunto, dos buenos peleadores se van a estar vigilando durante toda la pelea y es difícil  encontrar ahí un golpe que acabe antes de tiempo el combate.

La esperanza de los cubanos sigue en pie, pero se ha mellado. Un especialista en la Mesa redonda , decía que el encuentro ha servido para sopesar. Yo creí que la duda era solo nuestra y no, ellos, los que estuvieron en el cuadrilátero tenían sus cuotas de incertidumbre  y por tanto la fe debió ser subida de todo como la nuestra.

Pasado los encuentros muy poco nos llega a la escasez de los nacionales, porque es eso lo que anda en juego, después de dar tanta vida por una idea lo cósico se ha instalado de buena manera en los nacionales, y uno puede decir cuánto quiera, pero solo hay que salir a ver la ropa, el sudor, el juego, el jabón , la cola, el decir de los nacionales para notar que es la cosa , más que el ser lo que impacienta.

Por eso muy poco se nota: algún anuncio de tránsito tecnológico, posibilidad de correo postal… y mucho futuro, y otra vez la jugarreta de los derechos humanos que son pero no son , que  yo sí pero tú no, y esa palabrería que nos ha tenido a los del público siempre bajo una presión incalculable, que debe medirse a vida por escarceo, porque señores somos estos mortales los que estaban endeudados, quienes sufrieron las pérdidas temibles, quienes aun no tienen todo el pan.

Por eso al ver ese primer asalto, pálido, la mayoría se volvió a ver si ya hay popcorn y algunos con miedo,  esa basura capitalista nos puede destrozar las hayacas, otros se fueron al baño, los hay quienes chiflaron, luego se fueron ambos a sus esquinas, los manejadores dan consejos, así termina. Habrá que esperar los otros asaltos, que no son tres,  lo hemos sabido; son doce y el mío tiene que enfrentarse a un invicto Floyd Mayweather, que aun con sus trampas es el más grande y sabe bien los golpes fulminantes, y conoce con quién debe pelear y con quien no, y a todas estas nosotros, los que jamás fuimos a estas lides, ni siquiera sabemos dónde ni cómo se hacen las apuestas. Algo ganaremos digo, antes de llevarme otro pedazo  de lunes a la boca.

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