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Kelvis Ochoa en Don Cangrejo, con cientos de personas, jóvenes haciendo el coro y el rojo suelta aquello: “Olguita Lo más grande de la vida”, pocos saben, la mujer alza su mano en saludo fraternal y bebe su cerveza Bucanero. Muchos años atrás era una mujer común, ya no, ahora se le respeta doblemente porque ha sabido echar adelante mucho de lo que más vale y brilla de la música cubana.

Me consta cómo le quieren a esta mujer, ya no solo kelvis. Ale Gutiérrez, Gema Corredera, Descemer Bueno, William Vivanco o Roberto Carcassés rinden pleitesía ante esta reina que ha sabido reunir a los Habana Abierta en un concierto, situar a Vivanco en Miami o poner a Interactivo donde va.

Pura energía que ha dejado rodar en La Marcha Marcha haciendo lo que pocos porque el sonido cubano se escuche en una ciudad donde, según algunos de los que han estado de vuelta o aun respiran en esa misma orilla, encuentra poco espacio, debe ser por eso que si Olga Lidia Díaz se mueve a la capital cubana muchos hagan tiempo para ir a verla y “echarle un tema“, que le pregunten a Ale Gutiérrez ese negro increíble.

Ahora La Marcha Marcha, su proyecto, cumple una década y entre pintores y música agasajan a la reina que ha nucleado a su alrededor talento sin ningún tabú, a contrapelo y haciendo que el sonido cubano perdure, se escuche en Miami. Ya se encargarán los estudiosos de ese capítulo, porque sin dudas desde Cubiche hasta Gema o muchos otros cubanos de aquí y de allá le deben a esa mano que se mueve a favor de los músicos nacidos en esta isla.

Qué cumpla más años, la música cubana, la nuestra lo va agradecer a sabiendas de que con el trabajo de tanta gente bella como esta, La Marcha Marcha.

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