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Lo he dicho con orgullo varias veces, Silvio Rodríguez canta un verso que escribí en Alto Songo.
Debo haber escrito aquello en noviembre de 2001, Las Torres luego se desplomaban con todo el peso del siglo rematado con guerras y demonios y yo soñaba canciones en la tierra de Eliades Ochoa.

En ese tiempo escribí un largo poema que comenzaba diciendo:” Era miel en la paz de los domingos”, lo demás ni lo recuerdo, pero ese verso; esas ocho palabras se instalaron en la memoria de Eduardo Sosa y el gordo, sin dudar nada volvió hasta el mismísimo Alto Songo y en la casa de una muchacha que a la sazón llevaba Borges de apellido me disparó una canción maravillosa donde mi verso se dejaba escuchar como si nunca hubiese tenido otras palabras para la compañía, ninguna otra voz para decirlo.

No lo dudé. “Es tuyo el verso”: le dije, y en poco tiempo ya la disquera Colibrí había grabado la canción en un disco que le hiciera a ese amigo de tantos años.

Eduardo Sosa

Eduardo Sosa

La sorpresa fue que no solo Sosa interpretaba aquella maravilla con aires de trova tradicional. Silvio Rodríguez también cantó en ese disco y escuché emocionado que el hombre que me dijera hace mucho: “el sueño se hace a mano y sin permiso”, decía ahora que “era miel en la paz de los domingos”.

No he conocido a Silvio personalmente, a Pablo lo vi en su estudio en los años noventa, nos saludamos como lo que éramos un extraño ante la maravilla, a Noel lo tengo en sus canciones, de ellos solo a Sarah la entrevisté.

Sin embargo, este contacto leve con Silvio, el hecho de que este hombre cante un verso que escribí en Alto Songo, muerto ya el siglo veinte, rematado por guerras y carroñeros me hace feliz porque Silvio nos ha acompañado a muchos, en el dolor y el amor, en la maravilla y en la muerte.

Mi padre que fue aventurero, electricista y fumador, siempre lo mimaba y tarareaba aquello de la mujer que venía con unas tijeras a cortarle la virilidad, o repetía aquello de: “En el espejo veo al viejo loco que cada día piensa que es su día”.
A mi me ha tocado crecer diciendo óleos a mujeres que se pierden, boleros para habaneras, cantarle a fantasmas que fusilé en balcones citado quizá por la voz blanca y pequeña con que Silvio cita la maravilla.

Ahora que muchos quieren negar la obra de este grande de la canción hispana, a ese cubano de palabra exacta, yo prefiero mostrar orgullo porque de unas sílabas que logré armar en Alto Songo surgió una canción que cantó Silvio junto a Eduardo Sosa. “Era miel”, se llama el tema que por cierto arregla y acompaña con su piano el insuperable Robertico Carcassés. Debe ser cierto. “El sueño se hace a mano y sin permiso”.
Roberto Carcassés y Silvio Rodríguez

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