Imagen

Cuando Fats Domino creaba The fat man,  por allá por el 1949 quizá ignoraba de manera rotunda la existencia del Trío Matamoros, El dúo Los Compadres o los sones que ya chisporroteaban incluso desde discos de la RCA Victor.

 Sin, embargo, en este tiempo de internet y  clonaciones, los miembros del Septeto santiaguero o el mismísimo José Aquiles sí que entendían de la música hecha por el que muchos consideran creador del Rock and roll.

 Por esas cosas del destino, la tierra de este autor norteamericano, la misma que viera nacer el jazz y el rithm and Blues fue arrasada por un huracán como ha sucedido este año con Santiago de Cuba, la ciudad del son y el bolero.

Imagen

 El katrina es considerado uno de los huracanes más letales que hayan existido jamás, casi 2 mil personas perecieron bajo la furia de este fenómeno , las pérdidas se calculan en más de 100 mil millones de dólares y hasta el Fats Domino tuvo que moverse de ciudad para salvar su vida y su sonido.

 Los músicos nuestros y los de la otra orilla han estado unidos por mucho tiempo. Las primeras orquestas de jazz de Nueva Orleans cuentan a varios apellidos latinos y, por demás cubanos en sus nóminas, las mismas orquestas que comenzaron el jazz y  las orquestas típicas cubanas tenían casi los mismos formatos, según han dicho estudiosos al estilo de Leonardo Acosta.

 Figuras como Louis Moreau Gottschalk, quien vino varias veces hasta Cuba  o el criollo Ruiz de Espadero interactuaron con ambos sonidos de modo que lo norteño sonaba en la isla del mismo modo que lo del norte veía a tañer en la isla del tabaco y la rumba.

 Se habla además de un músico llamado Santiago Smood, quien trajo su sonido hasta Santiago de Cuba e influyó en mucho  en los nacionales.

 Pero entre Cuba y Estados Unidos  hay más que huracanes y millas de agua turbulenta, pero las energías han sido muy cruzadas, tanto que han detenido caminos. Un músico como Pacho Alonso quien veía las primeras luces de su gloria tuvo que olvidar el perro de la RCA Victor y cantar sus boleros en Bulgaria o Checoslovaquia. Sitios que por muy solidarios ni remotamente entendían la esencia del santiaguero como sí podían hacerlo los neoyorquinos tan acostumbrados a Arsenio Rodríguez o Dámaso Pérez Prado.

Imagen

 Las últimas generaciones de cubanos, imposibilitados de girar por USA han tenido que mirar desde la tele a pocos nacionales ir a lucir su sonido en la tierra de Quincy Jones, solo en los últimos años, con la mirada  tímidamente  diferente de los demócratas del cuartel de Obama han podido ir a cantar  los cubanos en esa tierra. Ya lo sabemos desde soneros reyoyos como Cándido Fabre, pop troveros a lo Buena fe y hasta reggaetoneros como Gente de Zona;  sin obviar, claro está, a Los Van Van han actuado en Estados Unidos.

 Pero en fin no quería entrar mucho en ese tema sino en la infeliz coincidencia de dos huracanes terribles, el Katrina y el Sandy, dos fenómenos que arremetieron en este siglo contra Nueva Orleans y Santiago de Cuba, una la tierra de Fats Domino, la otra de Miguel Matamoros o Pepe Sánchez, jazz y son envueltos en la furia del aire, rock and roll y bolero sobrevolando a pesar de la furia y el vacío.

 

 

 

 

Anuncios