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No está loco dice Jaime Abello, director de la Fundación del Nuevo Periodismo ¨no más comunicaciones de solidaridad¨ me vuelvo a mi compañera  Raquel Castro y me dice ¨ eso es mentira como aquella que lo decía sin escribir ya¨ y le propongo  otra realidad mágica de las que rodean al autor de Cien años de soledad, esa novela mágica que compré en Cuba  al precio de 45 centavos Moneda Nacional.

No debe estar loco, ni lo estuvo nunca ese hombre que ha hecho a uno pasar los peores años en medio de sueños, dicen que está viejito ya y se le olvidan las cosas, como su Úrsula Iguarán la fiera mujer que  terminó siendo el juguete de sus propios nietos, o con la fiebre que entró a Macondo cuando los hombres y mujeres tenían que colgar carteles en las vacas para reconocer que daba leche y culminaron olvidando también las letras  y todo y fueron salvados solo por un gitano inmortal.

¨De remate el Gabo¨ me escribe una amiga desde el Paraguay, la tierra  del Lugo atribulado cual Zelaya en la república bananera, ¨perdido¨ , me dice,  ¨ como su patriarca¨ que ha vendido el mar a los americanos, eterno en su poltrona o con el testículo izquierdo hinchado y durmiendo  sobre el piso,  y yo pregunto lo mismo que su personaje. ¿Cómo este hombre pudo escribir esas cosas con las mismas manos que se limpia el culo?

Habrá que buscar al bueno vendedor de milagros, porque Gabo debe ser el loco más hermoso del mundo, quizá se nos vaya entre sábanas al cielo, ese hombre que supo de muertes anunciadas y de amores en tiempos de cólera, el que nos ha puesto al corriente de historias peregrinas y trasnochó junto a la mujer más bella que ojos humanos pueden haber poseído.

Ahí va con su Cándida Heréndida en la ¿memoria?, Gabo olvidadizo, dicen y viejito, pero dándonos aun ternura y probabilidades de sobrevivir a todos los naufragios, clandestino en si mismo y quizá olvidando sus putas tristes, pero no loco, eso debe ser otra realidad mágica, inventada por él para reírse otra vez si lo llama la muerte bajito, muy bajo ,¨ Nicanoorrr, Nicanoor¨. No le abras la puerta Gabo, qué carajo, sigue haciéndonos historias, otras historias, las queremos escuchar.

 

 

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