Mucha gente lo venía venir, o lo sospechaba y han salido al ruedo opiniones y entrevistas sobre el tema : el mercado y la literatura, indudablemente dos elementos que viven siempre en comunión porque nadie lo duda, el libro se vende , mal o bien se vende y es una obra y a la vez mercancía.

Pero mientras en otros sitios las editoriales buscaban dar el palo, en Cuba el tema pintaba a una presunta búsqueda de esencias culturales, que en realidad se encontraron como perlas a veces o se perdieron en las maromas de las posibilidades pues como escribió Marylin Bobes en Granma hace un tiempo ¨ el problema radica en la superchería de cierta crítica que intenta hacernos pasar todo lo «raro» y a veces desfasado, por experimental¨.

Los extremos son malos siempre o casi, no nos pasemos nosotros, de modo que como ha promovido también Bobes creo que debemos buscar una media entre ambas cosas de modo que vivan las editoriales y , como es lógico la gente baje al alma buenas letras, con el cuidado de no dejarle la llave a quien se le suba lo de mercader para la cabeza.

Me pregunto , por ejemplo, qué podría pasar con la poseía , tan marginada en casi todo el mundo editorial y tan privilegiada en Cuba , o los cuentos que en nuestro país también han encontrado a cultores de altura, aunque a decir verdad unos cuentos de Arturo Arango, Miguel Mejides o Senel Paz bien valen unos cuantos pesos y se leen como joyas en medio del placer, y lo mismo pasa con Padura quien por cierto ha hablado sobre el tema , claro, él sabe de eso y bastante.

El autor de aquella tetralogía de Mario Conde y reveladores textos como : La novela de mi vida o El hombre que amaba los perros ha dicho que ¨el mercado del libro, satánico y despiadado como todos los mercados (pero no tanto como quieren hacer ver algunos, supuestamente puros o presumiblemente resentidos), cumple una función reguladora dentro de la publicación, promoción y la economía de la literatura.

Daniel Chavarría , otro de los que ha vivido en esas aguas donde literatura y mercado se unen ha dicho que ¨ para sobrevivir como escritor y ganarme la vida en los días difíciles del período especial, opté por incluir en mis obras esos ganchos tan atractivos para los mercados capitalistas; pero lo hice sin volverme un jenízaro¨.

Entonces , si se tiene un poco de tino, si se estudia con seriedad, que se venda el verso como pan caliente y coma feliz el poeta y se llene de alta cultura el adinerado vendedor de todo y nada, esa podría ser la fórmula para que haya una distribución más equitativa quizá de pan y circo. Ya veremos

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