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Leo con atención algunos posts de colegas y me niego a creer que siguen  vestigios de lo que Humberto Maduley llama fundamentalismo musical. Es como que arremeten sin piedad contra cierto sonido y créanme que me pongo de los dos lados, pero no todo el reggaetón, por ejemplo,  está ahí porque quiere sino porque algunos lo necesitan ¿Quiénes? Los cientos de  muchachos y muchachas que se someten a horas de movimiento de todo el cuerpo, los que los escuchan en sus mp3 o Ipods, en lo que encuentren.

Durante todo el proceso creativo musical cubano los diferentes géneros han sido rechazados por varios sectores, le sucedió al son, al filin y hasta el danzón; a hombres como Benny Moré con su grito de “Yerro” y a  la timba, esa tan llevada y traída timba de los 90, sin embargo,  pocos nos preguntamos por qué está ahí ese reggaetón que repite chupi chupis y cajas de codones gastadas por seres que se dicen ; “máquinas de hacer dinero” o que ostentan como alguien más allá del bien y del mal. ¨La calida´e la calidá¨.

Ese fenómeno en  Cuba llega hondo, quien haya visitado esta tierra sabe que el reggaetón está en todos lados y que contamos con varias agrupaciones que van pasando fronteras.

Por estos días La Onda Record llega  a donde pocos imaginaban, desde Italia tenemos reportes de que son escuchados en varias discotecas y  en la capital cubana estos muchachos  ya envían sus primeros señales.

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El tema que les ha llevado a tal grado de popularidad repite en su estribillo:”Soy un loco sexual”, lo gritan esos muchachos con movimientos más pélvicos que los de Elvis (Presley claro) y siguen largos minutos diciendo “loco, loco, loco sexual”. El  citado reggaetón se había colado en la radio aunque ha ido cediendo paso a otro que habla de un “tipo riquísimo”, en un alarde machista que atrae a multitudes de manera casi inusitada.

Lo traigo a colación porque por mucho que hagamos ya nadie para tal cosa y me pregunto si debemos parar lo que llena tantos espacios, quizá lo que debiéramos preguntarnos  es cómo preparar a ese público para que asimile otros contenidos y dejar de una buena vez el pataleo por los reggaetoneros que,  al fin y al cabo,  están ahí porque los escuchan.

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