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No  tengo idea de cuál es la mujer  más bella de la literatura,  me muero  por la Lady Brett Ashley, de Fiesta , incontenible muchacha que deja loco a medio mundo borracho de vinos imposibles y de París  y las corridas de toros. La Lolita de Nabokov quizás se pose en muchas cabezas y así hay cuantiosas criaturas que entre letra y letra levantan los sesos de cualquiera, pero las chicas del flamante premio nacional de literatura  en Cuba, Daniel Chavarría, señores, son como él dice. De campeonato.

 Las bellas mujeres constituyen,  y no lo dude, uno de los condimentos fundamentales de la literatura de Daniel Chavarría, este escritor nacido el 23 de noviembre del 33, en Uruguay ha ido dibujando criaturas que deslumbran al más pinto.

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La Bini de El rojo en la pluma del loro (premio casa de las Américas en el 2000) es una criatura desorbitante, que se chupa el dedito como una bebé y de tanta lujuria que desconcierta al argentino Aldo Bianchi, un hombre destrozado por las regímenes dictatoriales del sur, pero lo cierto es  que a través de esta vulgar jinetera, quien piensa que la democracia es tener un celular y un carro, Aldo  encuentra a su peor enemigo y le da caza en la mismísima Habana, pero la Bini, no deja de deslumbrar con sus movimientos y su belleza.

En la novela Adiós Muchachos premio  Edgar Allan Poe, New York,  en el 2002 es Alicia la que muestra sus maravillas. Otra jinetera  que pretende rematar su vida de puta llevándose un millonario a la cama, pero el texto de Chavarría la conduce por unos senderos de engaños, muertes y perversiones no muy halagüeños, así y todo  Alicia mejor,  no puede estar.

 La otra mujer de la quiero hablar no es de la Habana, más bien de la Grecia antigua, se llama Lysis de Mileto y vive en una novela llamada para unos El ojo Dyndimenio, para otros El ojo de Cibeles, esta obra ( Premio Planeta  en 1993) se nos muestra con esa temible muchacha que causa espasmos a multitudes mientras la ven en medio del baile calípiges, ahí tiene un sonado orgasmo jugando con un rayo de sol que va  de sus muslos a sus grupas en medio de hombres que se mueren de ganas fuera del ruedo.

 Ahí están, tres novelas y tres  mujeres bellísimas y complejas. Ya lo creo, Daniel Chavarría debe ser uno de los más leídos premios nacionales de Cuba y, sin dudas, que se lo debe a sus jineteras de aquí o de allá de ahora o de antes. Lícita manera de ejercer el proxenetismo. Con perdón, eh.

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