Roque Dalton estaba muerto

Y los jóvenes se estremecían si un americano flaco; ni blanco ni negro, se detenía ante unos ventiladores y gritaba: yes.

Neruda ya no vivía

Y desde Europa aseguraban que debían matar a los argentinos que no estuvieran de acuerdo con que un trozo de tierra fuera de ellos.

Lezama ya no estaba

Y unos jóvenes echaban la vida al mar en busca de un sueño “I have a dream” decía un mulato con una esvástica tatuada en el pecho.

Lennon ya no imaginaba

 Y los palestinos dejaban a sus hijos a la orilla de la puerta para ser víctimas de las víctimas que habían cambiado quizá de oficio. No sé bien.

Miles Davis se había ido

Y un negro premiado por la paz hablaba de hacer mejor la guerra que salvaría al mundo y mataría al fin a quien debemos eliminar concienzudamente.

Sherezada se había vuelto una estrella

Y en la televisión ahorcaban a un presidente de la república por algo que nadie entendió a la perfección pero estuvieron de acuerdo.

Y así los días siguieron a sus noches y estas a sus dueños y sus dueños a la suerte y la suerte a la bolsa y la bolsa a los caprichos y los caprichos al norte y el norte a la tiniebla y la tiniebla a la sombra misma de sus dueños y sus días.

Hasta que salió el sol, dicen los libros

Y hubo luz para todos

Por los siglos de los siglos

Pesimistas y optimistas

Cerveceros y escritores

De una mano o de la otra

Pero al fin

Fue posible

La verdad

Dicen los libros

Con pasión.

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