¿Qué se compraría la Cucarachita Martina si recibe una remesa?” La pregunta no vino de un filósofo con ojos de águila, me la hizo un tipo común en Songo – La Maya y luego la respuesta fue quizá más ingeniosa aún: “Un disco de reggaetón”. Me reí un poco ante la imagen del insecto bailando a ritmo del Chupi Chupi pero al mismo tiempo me fui de cabeza a un texto infantil que guardo en casa.

El libro en cuestión es “Había una vez”, una selección de culto que ha hecho Herminio Almendros donde los “asesinatos” pululan como impétigos casi inadvertidos, que conste no culpo a nadie solo analizo, pero la verdad que si se echa mucho ojo al texto habría que ponerle el letrerito de las películas (lenguaje de niños y violencia).

En la mismísima Cucarachita Martina, la vanidosa que encuentra la moneda entre el polvo batido por su escoba, hay ya una muerte fatal, es Pérez, el afamado ratón quien cae en una olla de agua hirviendo. Nada más imaginar el episodio ya uno percibe cuán violento puede ser. Si Romeo en vez de engullir el dulce veneno de su fin cae en una caldera hirviente de una fábrica. Imagino algunos rostros.

En “La ranita verde y el ganso”, otro de los textos de la colección el pobre anfibio, envidioso de la grandeza del ave, bebe agua y bebe hasta que revienta y bueno, se deduce, muere.

En “Los tres cerditos” el lobo, siempre el lobo tan malo, cae, mire usted, en otra olla de agua hirviente. Escaldado el animal muere entre las páginas de este texto que leo aun a mi pequeña con esas ilustraciones a color que atraen y atraen.

Pero señores, una de las sagas más violentas con su fama internacional es la de la tierna Caperucita Roja, ella, tan pequeña e inocente va hacia la abuela enferma, pero en su episodio, el lobo, otra vez ese personaje terrible, no solo la engaña para comérsela, sino que se merienda a la abuelita, mejor no imaginarse cómo, pero descubierto finalmente, el leñador le arranca la cabeza de un hachazo.

Este lobo, otra vez con vida, es el mismo que se come a los “Siete Cabritos”, pero la madre de los cachorros timados, al llegar va a donde el malhechor, le abre el vientre, saca a los chivitos y le pone piedras dentro, de modo que cuando el feroz animal va a beber agua se cae en el río por el peso de los pedruscos dentro.

Bueno, este es solo una suerte de bosquejo, leo otra vez los cuentos y no dejo de admirar, son los mismos que estudié en primaria y me leyeron algún día mis padres. La verdad no he matado a nadie, ni me como a lobo alguno, pero verdaderamente vivimos hablando de muertes y asesinatos aun en los años más tiernos de nuestras vidas.

Por suerte en varios animados que ve mi niña, esos asuntos no están y me alegra porque cada vez, leo con menos fuerza esas historias donde se mata y se muere para entretener a los bebés de casa.

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