ImagenFue en una casa del  Vedado,  frente al Malecón, era algo tarde, los carros pasaban veloces a su noche y yo bebía un trago mirando como Sergio Corrieri las olas del mar y de mi país pasar del horizonte a mi memoria.

¨ ¿He cambiado yo o ha cambiado la ciudad?¨ Pude haberme preguntado mientras esperaba a  Alejandro. ¿El grande?, bueno, el de Habana Abierta. Gutiérrez,  casi a secas.

Lo había escuchado en la radio nacional, cantaba un rockason y yo no sabía si Vanito era Alejandro o Viceversa, se me confundieron siempre en esa Lucha Almada en que los cubanos solíamos trocar los días y dejábamos las horas sobre almuerzos que nadie se creía, por eso  también la emoción.

Aquel negro espigado puso en mis labios palabras que forman parte de mi vida ¨Los maestros en la escuela siempre hablaban del amor y la esperanza¨ y lo  canté cuando un lada rojo se detuvo justo debajo del balcón, bajé la mirada y no era el hombre.

Seguí con el trago, pensaba en tantísimas cosas y me detuve ante otros amigos que allí me habían llevado, ángeles  que ya son parte de  mi existencia también, hasta que al fin fue posible, lo vi entrar con la familiaridad de los mortales  y la gracia de los inextinguibles seres que nos muestran la vida.

Nos presentaron y corrí a darle un abrazo. ¨Gracias¨, le dije  y me di cuenta  de que bajo la primera capa de alcohol, Ale como había de nombrarle en lo adelante no se dio cuenta, pasaron unas horas y unos tragos sobre la mesa, hablamos de la Habana Abierta u Oculta las 24 horas que vuelven siempre, me decía, como Un Boomerang y no es un juego de palabras o discos.

Hablamos de Madrid y del Café Paola, de Quito en Septiembre y ya cuando las cervezas se habían subido estoicamente  a la cabeza cantamos juntos: ¨…y en la vieja victrola, un tema de Pat ¨.

No recuerdo si lloré, la madre de Alejandro, me pasó un periódico para que leyera un artículo absurdo que hablaba del desarraigo de un hombre que sigue hablando en cubano viviendo desde hace 20 años en Europa. ¨Ese es un parlanchín¨,  dijo alguien y no hice caso, de fondo unas canciones de Gerardo Alfonso, el mar traía las olas desde el horizonte a mi memoria, yo me sabía tan lejos de Llanos de Maceira, hablando con ese hombre quien ha hecho parte de la persona que soy y me alegré de estar vivo y de ver el Mar Caribe desde un balcón habanero, a sabiendas de que definitivamente la ciudad y yo hemos cambiado mucho, pero seguimos amando la música de estos muchachos cuarentones y más cubanos que nadie.

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