Conocí a Santiago Feilú cuando Postrova grababa su primer disco, el único que se hizo público. Ya a punto de grabar precisamente un blues que había escrito junto a Eduardo Sosa la guitarra del gordo mostró que sonaba terriblemente, a lo dicho se sumó el criterio de Emilio Vega quien dijo “Búscate una o esto se oye que es una mierda”.

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En minutos estábamos en casa de Santiago Feliú, era un garajito en el que podíamos ver fotos de su Adriano y una muchacha que entrababa y salía. “No, no fumo.” le dije cuando me cedió un pote y papel pa liar y Sosa repitió lo mismo cuando nos lanzamos a hablar de música.

Para mi era impresionante. Era mi primera vez frente al zurdo, gago y vago que se trepó a las lomas con los guerrilleros en Colombia, el mismo que adolescente había hecho al país cantar¨ Para Bárbara¨.

Ahí estuvimos, yo casi no hablaba me encargaba de traducir las palabras que salían poco a poco de aquel hombre de pantaloneta y pelo largo, de milagro no le di un abrazo al tipo sin que lo pidiera.

Ya al final y con la guitarra en las manos logré decirle aquello de: ¨…Aunque la vida pase ahora dura por las venas, y en el vacío del camino se nos vuelva piedra, está mi flor bebiendo de tu vida y de tus manos…¨ el Santi me miró como asustado y me lanzó en una oración completa “Tengo que ir a Santiago, seguro.”

Sosa se iba contento con la guitarra, yo más porque volveríamos a traerla y así hablaría una vez más con el Santi, así fue pero no estaba muy sobrio, de modo que no vio la cuerda de guitarra que yo llevaba en las manos, se había partido un La en medio del mismo blues y le pedí a Sosa que me la diera, fue mi pulso durante mucho tiempo, era como un trofeo de guerra que me diera Santiago Feliú por haber respirado juntos la Náuseas de Fin de Siglo. Hoy lo sigo escuchando y mucho. Ay, la vida.

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