Cuba ha tenido siempre mucho verso para cantar al amor y a la patria , las palmas o a las amargas verdades. Desde Sindo al más común trovero ha existido siempre aquí quien tras las guitarra a golpe de versos alce la voz, pero no hago todo el recuento ,hoy prefiero partir de la penúltima década del siglo XX.

Desde los 80 un buen grupo de poetas hace nombre y pasión en buena parte de la isla ׃ Marilin Bobes, Teresa Melo, León Estrada , Víctor Rodríguez Núñez, Alberto Serret, Osvaldo Sánchez, Bladimir Zamora y a mi juicio un cuarteto sin rival compuesto por: Ramón Fernández Larrea, Reina María Rodríguez, Ángel Escobar y Emilio García Montiel fueron leídos por muchos quines a su vez seguían la música en la que encontraron tanta belleza como en cualquiera de los poemarios creados por los escritores.

Si bien se escucharon, como siempre los muy bailables temas de Formell, y la maquinaria altísima de Iraquere o la creatividad sin nombre de Emiliano salvador también fue la década de más producción para Silvio Rodríguez: Rabo de Nube de 1980, Unicornio de 1982, Tríptico en 1984, Causas y azahares de 1986, y OH Melancolía del 84 nos dejan una obra donde uno de los mejores poetas de su generación canta verso a verso su tiempo y su literatura.

Si importante fueron textos como Squezze Play, o la Vía Pública también lo fueron esos discos nombrados y en los cuales viven aún algunas de las melodías cumbres de este país y muchos de los poemas mejores escritos de ese tiempo.

 He aquí otro espacio donde música y poesía se encuentran como en Homero, y en los juglares del siglo XI o en los de la Cuba de finales del XIX.

Muchos cubanos recordamos los 80 del siglo XX con la fruición de quien conoció la bonanza que trajo a casa el socialismo, pero fue también el tiempo en que una nueva poseía social se abría puertas.

 Si en el 59 Retamar se preguntaba ¨¿Sobre qué muerto estoy yo vivo?¨ , Ramón Fernández Larrea afirmaba. ¨Nosotros los sobrevivientes a nadie debemos la sobre vida¨.

 En la música el verso no era menos mordaz, un título que ahora se asoma horrible como ׃ La Palanca, de Carlos Varela sonaba alrededor del complejo entramado social nuestro. Junto al hoy afamando trovador creció toda una generación de poetas con guitarras, o sea, de trovadores que muchos llamaron los Topos, porque aunque hacían muchas peñas, rara vez grababan discos, al menos así fue durante los ochenta, tiempo en el cual se hacían largas colas para grabar en la única institución que se dedicaba a estos menesteres. La EGREM. Gerardo Alfonso, Santiago Feliú, Frank Delgado y el ya citado Carlos Varela fueron las cabezas más visibles de esa hornada.

Como mismo pasaba con los poetas de texto sobre papel y sin guitarra en ellos había una manera muy particular de mirar a su tiempo, pero la poesía seguía haciendo camino en los contenidos de estos juglares.

Así escuchamos a Jalisco Park, Copelia, Ni un ya no estás, o Para Bárbara. ¨Es triste tiempo de nevadas¨ escribía Santiago Feliú, pero también le cantaba a la vida y la pasión del sur en su larga lucha.

 Y así de canción en canción y de verso en verso llegamos a los 90 y al bloqueo terrible y la sequía y la caída que nadie esperaba del socialismo en el que habíamos sembrado esperanzas.

Los cubanos, sin embargo, seguimos cantando y escribiendo y leyéndonos a Roque Dalton , a Benedetti, Jaime Sabines, Goitisolo, Cardenal, Fayad Jamis, Vallejo, Neruda o Lezama y seguimos escuchando a Fito Páez, Chico Buarque, Caetano Veloso, Serrat o Espineta y escribieron versos definitivos los poetas de este tiempo y nos encontramos entonces con Pedro Llanes, Agustín Medina, Nelson Simón, Juan Carlos Valls, Norge Espinosa o Reinaldo García Blanco.


Ese mismo tiempo fue también el de la canción del Trío Enserie, de Postrova, Cachivache, Superávit, Gema Y Pavel, Boris Larramendy, Ihosvany Caballero, Luis Barbería, José Luis Medina, Alejandro Gutiérrez, Andi Villalón, Pepe del Valle y otros. En fin, que poesía y música nacieron juntas, y que incluso canciones capitales de esta misma isla no solo hicieron historia por la parte de verso sino de la sangre.

Como aquella Bayamesa que Céspedes y Fornaris escribieran en 1851  o  La Mujer Bayamesa del mismo Sindo Garay o su Perla Marina o la Longina de Corona. Mucho verso y música en esta isla y en este mundo, a pesar del comercio y la globalización y la pérdida del hielo, y las protuberancias de Shakira y un niño muerto ayer en un jardín de Trípoli , y el etanol, y Jackie Chan      , los pícaros, y las tiendas y el deshonor.

Música y poesía juntas desde Homero hasta Neruda, y Vallejo, y Escardó, y Tallet, y Guillén o cualquiera de los que se reúnen una tarde a escuchar los discos que con  Scratch silban la vida de Corona o Matamoros, Silvio o Vicente Feliú.

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