Pa´trá pa´ coger impulso

Un sefie con Cimafunk y Camaròn (productor de Eduardo Sosa)

 

Contactar con esencias pasadas puede traer éxito, es obvio, si se hace bien y hay una conexión bien pensada con el sonido actual, Cimafunk es un ejemplo elocuente de lo dicho; su coqueteo directísimo con James Brown  y las citas a artistas como Michael Jackson, Kool & the Gang… lo hacen un músico colocado en el gusto de la mayoría, a lo dicho sume un lenguaje directo referente al goce, al barrio,y tópicos solariegos o a la desbordada sexualidad nacional.

Debo haber leìdo en un texto de Susan Thomas la idea de que Cuba ha sido por mucho tiempo una suerte de Galàpagos cultural . Las influencias foráneas llegaban solo con buenas antenas, en pesados casetes, en vinilos de rock envueltos en carátulas de la Aragòn. Hoy el asunto sufre una vuelta de pàgina , en un tiempo en que Napster es ya prehistoria,  todo nos coloca frente la posibilidad de bajar música gratis y en muchos casos ver en youtube y si no tiene nada de eso està el paquete, distribuidores presuntamente desconectados como el ya conocido y nada oficial (hasta donde puede saberse ) Abdel la Esencia y , mire usted , las idas y venidas de los reggaetoneros, trovadores y salseros detenida sólo por la mal asesorada polìtica del ensordecedor Donald Trump

Las dos ideas anteriores van a un solo punto. Ya es muy complicado llenar el estadio para que escuchen a un hombre con una guitarra cantando que ¨Hoy viene a mi la damisela soledad con pamela impertinentes  y botón¨ sin embargo hay màs de la mitad de una isla al son del ¨ palón divino¨ de un hombre que despotrica descaradamente contra un productor tan exitoso como David Calzado, se dice el Rey ( antes era un mèdico el monarca) y levanta las armas incluso contra sus congéneres.

Ah, pero cuidado, todos esos escàndalos son parte de la vida de un artista. Madonna incluida , se valen de estos mecanismos y màs allà del èxito de la propuesta hacen ola y se mezclan en todo, en fin que dicen que murió al final la trova, y no creo, la guitarra es la guitarra y envejece mal o poco, me da que habrá siempre poesía.

He estado al lado de jóvenes trovadores y encaran la dificultad de conectar con cierto pùblico, la avalancha gratuita de música, Las Billie Eilish de las capas màs ¨informadas¨, y la conexión reggeatónica con las nuevas pasiones sociales de Cuba màs la demonización de quienes se apegan al discurso oficial complican todo panorama, quien empuña una guitarra la tiene muy difìcil.

El mercado llegò y pone regla, lo hemos hablado mucho, los de guitarra y verso se exponen a la posibilidad de no vender y ahogarse en su propio verso, o ser felices con poco o hilar fino y entenderse con el sonido de hoy y conectar con lo pasado y permanente en el ideario del pùblico,  para eso hace falta una buena cuota de suerte y trabajo. Algunos en otras escenas lo han ido logrando, los de guitarra y verso habràn de encontrar esta consonancia. No hay de otra, al fin y al cabo :¨estos años son el pasado del cielo¨. 

2666, Si tuviera fuerzas me pondría a llorar

 

Para Odet Blanco que me la regaló.

Los libros no se terminan; te abandonan, el hueco que dejan tras la última página se resuelve solo con otro texto. Acaba de dejarme 2666 la póstuma genialidad de Roberto Bolaños. Un libro en cinco partes ganador de muchos reconocimientos, entre ellos  el premio de ficción del National book circule.

La obra de Bolaños que decidió dejar como herencia a sus hijos,  y a nosotros sus lectores , vuelve con una prosa vertiginosa, el chileno no gasta letras en regodeos, poeta en sus inicios terminò diciendo que toda la poesía podía encontrarse en una novela, este su último texto lo reivindica porque su poética se explaya al punto que se ha dicho fue escrita por   Arturo Belano, su alter ego, uno de los personajes de su Detectives Salvajes (1988).

¨Está de moda leer a Bolaños¨, me dijo un amigo y no sé, es una lectura que no apunta a lo masivo , si en la primera parte del libro el chileno se desarma entre los enredos de cuatro  intelectuales, seguidores del candidato a premio Nobel Benno von Archimboldi. Luego abandona ese cuarteto y se queda con la vida feroz de un profesor universitario español asentado en México:  su existencia, su hija, una esposa loca que le abandona y tiene tanta vida como para escribir con ella sola dos novelas más y luego espacio para un periodista norteamericano, muchas muertes de mujeres en Santa Teresa , un pueblo fronterizo entre Mèxico y Estados Unidos y claro, Benno von Archimboldi.

Si algo tiene 2666 de censurable, es al mismo tiempo su valor, la vertiginosa capacidad de fabular que tiene Bolaños. Baste decir que la muerte de centenares mujeres, sus asesinatos  sus nombres , direcciones , la ropa que llevaba cada una, la causa de sus muertes y hasta, dado el caso, el modo en que fueron violadas; a veces hasta por el ombligo o los oìdos, todo en La parte de los asesinatos.

A lo dicho sume la impotencia de los policías, la apariciòn de otros asesinos y asesinatos, el paso como a vuelo de pájaro de los narcotraficantes y políticos y claro la vida literaria, las universidades  el arte , el sexo, la muerte, el amor, la guerra, el odio, la política, el misticismo, los medios, el fascismo, la vida burguesa, la miseria, el ostracismo, México, su frontera con Estados Unidos, los negros, el boxeo, el periodismo, la filosofìa, el suicidio, la historia latinoamericana, la misoginia, el machismo, el desconsuelo, las maquilas, Europa, la càrcel, la soledad, y un fantasma que recorre toda la novela: Benno von Archimboldi, un escritor que no vas a encontrar hasta los límites finales de la novela pero no voy la voy a contar, eh.

Solo quiero decir que terminè exhausto, aturdido por el pulso, la elocuencia, la posibilidad de fabular de este hombre que tiene en ese mismo don lo que apunto como una debilidad;  es tanta la capacidad de fabular que fulmina, a veces cansa que cada personaje tenga para hacer otros libros, o estén ya en este 2666 porque hasta el título te deja con la sospecha de que debes seguir buscando en las 1118 páginas donde termina con lo que podría ser el principio del encuentro que aparenta no suceder jamás .

 2666 es todo un delirio vertiginoso, escrito por este ser que parece  pone el puntillazo a eso que llaman Boom latinoamericano (a esta altura), porque en su novela todo es posible, o cabe lo imposible hecho realidad absoluta, un libro que cuando nos abandona uno siente ganas de repetir aquello de Arturo Belano: Si tuviera fuerzas me pondría a llorar . 

Habana Abierta feedback

Foto atrapada en la web. No estuve pero fui

Me llama al teléfono y  dice, ¨Tremendo  lo de Habana Abierta ¨. ¨Pero si ya han pasado casi dos meses¨, logro decir  y riposta. ¨Casi tres horas de concierto Rógelo, se pusieron de P…¨ Me río, me emociona.

Habana Abierta no es solo una sumatoria de cantores, es un sonido que logra cuajar, poner en la trova un performance que ya se mostraba en tipos como Gerardo Alfonso, era una poética donde lo hermoso entronca con  la jodedera. Habana Abierta era, es inmensa.

Es una manera de cantar la isla, de sentir la isla, de entender esto que llamamos país y que definitivamente no son sus contornos, ni sus discursos, sino la belleza que vive en su gente. Piñol que canta canciones de ayer, los colores que realzan a la capital cubana, ese negro detrás de un micrófono diciendo que  la luna parece un diamante y septiembre huele a calma y humedad.

Yo no me pude ir a Jibara, no me pude ir en 2003 a verlos arrebatar a miles en la Tropical, aquella vez armé un reportaje con las emociones de Luis Barbería, Ale Gutiérrez, Joaquín Borges Triana y Susan Thomas, y de ahí saqué el capital para volver a estos, ya cincuentones,  que suman un público diverso, porque hay que recordar algo. Luego de Habana Abierta, aquel día  en Jibara tocaba Cimafunk.

Recuerdo que hablo de una llamada telefónica;  pasado el tiempo, madura un poco la idea, ya no solo por la vivencia sino por las fotos y los artículos, y me cuentan que Polito Ibáñez puso primero el tono, que hubo buen sonido y escena, que treparon gente copetuda a compartir con ellos, y luego, bueno ese artículo que habla del regreso de los dioses y toda la leyenda que se teje con trozos de deseo y trozos de realidad.

Por eso me sacude este feedback, porque anoche, ya con el sueño trepando a mis sienes, me llamó Julio Cesar Llamos, el productor, hijo de mi prima Marianela y me hizo el relato estremecido, ya van a ser casi dos meses y su sensación sintoniza con la mía. Estos tipos han escrito un guión divino que no para de emocionar.

Eduardo Sosa en Cable a tierra: ni cien años, ni soledad

Eduardo Sosa en Cable a Tierra. Foto: Yordis Jimènez

Después de tantos años, guitarra en mano, Eduardo Sosa  recordó la tarde en que Ernesto Rodríguez dejó de ser un Willer para convertirse,  junto a él,  en Postrova. La Maya vivía un diluvio inusitado, eran las 7:45 y la lluvia parecía que la tercera peña Cable a Tierra era un imposible, unas cuatro personas esperaban  la posibilidad de que se hiciera y la gripe caprichosa se había apoderado del bardo.

Pero sí hubo peña y buena, a golpe de recuerdos y canciones Eduardo Sosa cautivó a su público.   Más de dos  horas de música y recuerdos, de reflexión en torno al país, al amor a la canción cubana.

Eduardo Sosa junto a Enagelina Pouyoux y Yaritza Hardy, directora de cultura Foto: Yordis Jimènez

El bardo arrancó con la considerada (esto es discutible) la primera canción cubana,  La Bayamesa, pero no solo la canción, la polémica, el clip propuesto por Joseph Ross y el público que igual hizo alusión al tema y dejó que rodara la noche, afuera la lluvia, en los teléfonos, mensajes como el de la poeta Maylin Ross quien no pudo estar y pedía, por favor, Ni un ya no estás de Alberto Tosca.

Así fue pasando la tercer peña Cable a Tierra, de Silvio a Pablo: ¨cuando canto de uno, tengo que cantar la del otro¨ dijo el trovador cuando dejó escuchar Todos los ojos te miran y pequeña Serenata diurna.

Lluvia otra vez, calor y trova, muchos que no pudieron estar, la profesora Yeline Delgado se quejaba desde las redes sociales , imposible con la lluvia  y el lodo, pero otros con mejor suerte atravesaron la noche y anclaron en la casa de cultura Juan López Rizo para quedarse con el canto.

Tercera peña Cable a Tierra: Foto: Yordis Jimènez

Si bien Eduardo Sosa tenía gripe, el oficio y las ganas lo fueron llevando a cada canción , las suyas , las que le pedía la gente , pero igual los recuerdos, desde su natal Tumba Siete , con un abuela sabia que aun lleva  en  su ser,  aquellos refranes con sabor a cafetales. Con esas remembrazas llegó Mañanita de Montaña, una de las mejores canciones de Eduardo Sosa, solo mirar al público y al trovador y estaba la empatía, una comunicación que , lo digo en con total seriedad , me hacia dichoso hasta las lágrimas.

Pero también al cantor, porque no imaginó que dos profesores universitarios, Alberto Díaz y Gerardo Ramírez, dos doctores locales cantarían una canción que ni el propio Sosa recordaba , para poner puntillazo, la hija de Alberto se colocó tras el micrófono y cantó casi de manera impecable, a capela: Imagen protectora.

¿Cuánto debe durar la peña? Me había preguntado Sosa en El Cristo, donde fuimos a buscarlo casi a las siete de la noche , le dije que una hora pero él mismo extendió todo, porque pasó de las dos horas y aun teníamos ganas de continuar.

Fito Páez, Serrat, Ana Belén en los recuerdos, en los diálogos con este, uno de los mejores cantores de este tiempo en Cuba, y también Lino Betancourt, William Vivanco, Habana Abierta, Maria Bethânia, Salvador Virgilì. Y sobre todo Gabriel García Márquez, evocado ya por Sosa o por el historiador Héctor Medina. García Márquez con sus mariposas amarillas, el diluvio.

Un pùblico fiel: Foto: Yordis Jimènez

Esta peña corrobora la necesidad de traer canción cubana a estos pueblos, aquí venía Sindo Garay, Pepe Sánchez y se reunían en la casa de Joaquín Ibáñez, en Alto Songo, sin embargo, luego del 59, hasta donde tenemos noticia,  ningún trovador de renombre  hizo aparición pública hasta que llegaron Raúl Torres y William Vivanco. Con la Peña Cable a Tierra, auspiciada por la Asociación Hermanos Saiz, Cultura, Tele Turquino y el proyecto JC, ha cambiado el panorama.

Eduardo Sosa vino a levantar el clima, su música, su poder de comunicación hicieron de la tercera peña Cable a Tierra el momento para determinar la hondura, la fuerza de la canción cubana de este tiempo, la importancia para un público que ya espera ver en su pueblo a esos trovadores que solo pasan a veces en la radio, lo esperan porque saben desde siempre y para siempre que  las estirpes encentradas por una buena canción( esto digàmoslo sin mucha afectaciòn ) siempre van a tener una segunda oportunidad sobre la tierra.

Virgilí : tuyo es el reino

Virgilì

La primera vez que vi a Salvador Virgilí pordría haberle golpeado. Yo esperaba una guagua, un camión, algo que me llevara al Llano de Maceira. Tenía un ejemplar de Paradiso bajo el brazo y aquel hombre flaco bastante alto, negro y con collares verdes y blancos me arrebató el libro.

Eran los años en los que todavía ser gay podía costar kilogramos de piedras sobre el tejado, como le sucedió a Nenè Popota, un valiente homosexual de El Cristo, a quien los estudiantes lapidaban por su irreductible homosexualidad.

-Niño, ¿Qué tú haces leyendo esto? Preguntó con voz de loca en arrebato

-Lo leo, riposté, ¿qué otra cosa iba a hacer?

– Ay, un guajiro leyendo a Lezamaaaaa, acentuó el tono, se pasó la lengua por los labios y se fue al clásico capítulo 8.

Virgilio tenía eso a su cargo, no lo ocultó ¿para qué?, como no ocultó jamás su pasión por la literatura, la música o el cine. Hace unos meses nos encontramos y había vuelto a ver por quinta vez la película sobre Freddie Mercury “No es maricona, es una película que me deja ver a Freddie con toda su alma”. Lo miré con sospecha: “Ni cojones”, me dijo, “ta bueno y  si no te gusta , jódete”.

Así fue siempre, no lo ocultaba, su mirada de tigre hambriento iba delante. La palabrota si hacía falta a la par, pero en todo un amor por el arte insustituible. Virgilio dirigía y escuchaba a Béla Bartók, regañaba a sus locutores y en las noches se leía a Lydia Cabrera, a Thomas Mann, amaba a Bebo Valdés y al Cigala.

La segunda vez que vi a Virgilí fue el Instituto Superior Pedagógico Frank País. Alfredo Mojena y yo escribíamos canciones, toda una vorágine, lo mismo lo hacíamos temas  para un dúo, un grupo de rock que un cuarteto vocal, Virgilí lo supo y fue a buscarnos, hablamos y en pocos días nos llevó a un estudio y grabamos cuatro temas, desafortunadamente los perdimos, igual era la primera vez que se grababa mi música, luego ya fue común encontrarnos.

Finalmente trabajamos juntos en Ruta Musical una larga revista de Radio mambí junto a Kenia Campuzano y de ahí a Sonido SM donde fundamos el programa Cable a Tierra y ya era mi amigo Virgilí con su collares, sus libros, los discos de estreno, los Festivales del Caribe y Vanito Brown , William Vivanco, Rubén Lester, Felipón , Adriana Asseff, Santiago Feliú, Los Papines, NG La Banda, Síntesis. Toda la música en su radio, en su vida

La última vez que vi a Virgilí, me regañò porque me decía que había que estar con las reglas, discutimos, le dije que no se hacía radio con burocratismos, me dio la razón pero me dio una palmada en la espalda, me miró a los ojos y me dijo “Mijo, tú sabes, tú sabes”… y sí que entendí, este hombre valiente tuvo que  franquear muchos muros, quizás por eso decía tantas palabrotas, al final trepó a las murallas y dejó ver su cuerpo y su valor.

Esa misma vez, la última en que nos vimos le recordé que nunca me había devuelto un ,libro que le presté, un texto de Abilio Estévez. Ya no me lo va a devolver. Murió Salvador Virgilí, me dicen que llegó a su radio y luego no sabía irse a casa, como si su casa fuera CMKC.

Hay radialistas así de apasionados. Ahora que sé no voy a volver a verlo, que no me va a llanzar su mirada de tigre, en su negritud, su homosexualidad, su talento. Sólo me queda cuánto me enseñó, las discusiones, los abrazos y le digo como lo que es, un maestro, lo mismo que diría Estevez: “Virgilio, Tuyo es el reino”.

La música que tuve en las Romerías

Liuba y Sosa cantan En Falso de Graciano Gómez y Gustavo Sánchez Galarraga

Corría mayo, sin aguaceros, y Holguín se abrió con sus afamadas Romerías, la más entrañable de las fiestas, al decir de Liuba María Hevia, y lo más grande de la vida, según Kelvis Ochoa. Lo cierto es que es una sucesión de música absoluta, envidiable.

Los organizadores de las Romerías cuentan en su evento con una representación extensa, ya no solo de tendencias, sino de edades y lugares; tanto así que las figuras salen para brindar cupo a otras. Desde el rock and roll de Switch (Artemisa), una banda que sobrevive a los estertores de la aparentemente insostenible industria musical cubana, hasta las trovadoras de Motivos personales (Ciego de Ávila).

Cimafunk fue otro de los presentes en las Romerías

Existe en las Romerías una sumatoria de talentos que no sé hasta qué punto existirá en algún otro evento cubano. Es imposible abarcar todo lo que allí ocurre con una sola vida; habría que tener una existencia cuántica para poder ir de un concierto de Ramón Valle, a los talleres sobre Industria musical dentro del sector creativo y no perderse, además, las presentaciones de Cimafunk, Fernando Cabrejas o Marta Campos.

De Jazz y otros asuntos

Ramón Valle fue el invitado especial para celebrar los 80 años del Teatro Eddy Suñol. El pianista, holguinero por cierto, sedujo con su presentación del 3 de mayo acompañado  por la Sinfónica de Holguín, y sorprendió a muchos con una defensa sostenida del reguetón, que se entiende porque, al fin y al cabo, el pianista dice no encasillarse, más bien se define como una suerte de camaleón.

Jazz hubo y del bueno en esta  edición 26 de Romerías, y no solo por Valle. Por ahí pudo verse y escucharse a muy destacados artistas como Alejandro Falcón o Rolando Luna, y locales y extranjeros como la Jazz Band del Conservatorio de Música José María Osorio que abrió el evento jazz en Romerías, y el pianista Jairo Andrés Rodríguez, de Chile.  A lo dicho, sumemos las clases magistrales de Giraldo Piloto.

Traba son

Liube María Hevia y Eduardo Sosa

Destrabar la trova, un espacio que lideró el cantautor Eduardo Sosa, es uno de esos encuentros realmente memorables. Casi cada tarde, a las tres, el cantor trató de tener junto a sí a otro de su estirpe que le contara vida y obra y, junto a la guitarra, cantara o hiciera dúo.

La presentación junto a Liuba María Hevia sufrió algunos desajustes técnicos, que por suerte Sosa y Liuba supieron remontar a base de interpretaciones y buena vibra. Liuba contó su gusto por la ciudad, un gran amor holguinero, y cantó temas entrañables como Luna del 64, además de entonar junto a Sosa En falso de Graciano Gómez y Gustavo Sánchez Galarraga, una interpretación que la mayoría agradeció.

Destrabar la trova ocurrió en el Club Siboney. En este lugar Ediciones la Luz presentó el libro Luna del 64, como la canción ya citada. Un cancionero con obras de Hevia.

Marta Campos

El espacio de Eduardo Sosa, esta vez, tuvo un segundo momento de mejor técnica y diálogo intenso con Marta Campos, una mujer que tuvo tiempo de altura junto a José Antonio Quesada, apegada al son, de una alegría sostenida que ella sabe llevar a su público de manera casi mágica.

Con Jorgito Kamankola

Desafortunadamente se sintieron  las ausencias de Frank Delgado y Ray Fernández, pero tuvimos la suerte de contar cada tarde con trovadores jóvenes como los muy destacables Manuel Leandro y, lean bien este nombre, Sandra Ivette Berriel. Además estuvieron otros más entrados en años y con propuestas firmes como  Inti Santana, Leo García o Fernando Cabrejas, de quien también se presentó un libro.

Escuchando a Liuba y Sosa cantando En Falso de Graciano Gómez y Sánchez Galarraga
Sandra Ivette Berriel , extraordinaria esta matancera. Feeling y swing en la nueva canción cubana

Jorgito kamankola volvió a mostrar estirpe. Solo o con banda este trovador que rapea, o viceversa, se presentó en el Callejón de los Milagros o en otros espacios siempre colmados de jóvenes que coreaban sus temas. También en estas fiestas pudo escucharse a Karamba y a los holguineros Mentes Callejeras.

Romerías y mayo, Holguín y música en todas partes, no solo jazz y trova, no solo reconocidos al estilo de Polito Ibáñez, muy jóvenes cantores se reencontraron en las esquinas o los espacios abiertos.

Y además hip hop y electrónica con Dj Reymel, DJ Gay, Yeiko, MC Escobar, El Opuesto o las batallas con Desde la Calle y Anónimo Consejo.

Todo lo dicho suma además eventos donde participaron Tumbas francesas de Guantánamo, Santiago de Cuba y Holguín y ni hablar de los encuentros informales. Romerías tuvo además espacio para recordar el centenario de Juan Blanco o talleres de análisis de la industria musical cubana.

Leo García e Inti Santana

En fin, la más entrañable de las fiestas. Ocho días de un mes de mayo en el cual lo mismo comes mirándote  en los ojos de Brenda Navarrete, te bebes una cerveza junto a Ramón Valle o escuchas las suaves canciones de Heidi Igualada. Un tiempo que deberíamos repetir una y otra vez aún con ausencias y desaciertos, con algún que otro cable perdido. Holguín deja luego de sus Romerías la sensación de que todo es posible, de que Cuba sigue siendo la Isla de la música, que estas fiestas son, Indudablemente. Lo más grande de la vida.

Gracias Mauricio Figueiral y Adrián Berazaín

Foto: Yasser landazuri

En su última vuelta por la isla, solo bastó dos minutos de chat y unas cuantas llamadas para que Adrián Berazaín y Mauricio Figueiral  dieran el sí, y comencé lo que debe ser mi peña Cable a Tierra ( si no me pasan factura los aires que soplan tan fríos, la economía y sus vaivenes, el pensamiento congelado de algunos).


Frente a casi un centenar de personas escuché a los muchachos cantar unas dos horas. Los creadores presentaron un show, que sin dudas ya han recorrido. Comparten una y otra canción, dicen chistes en torno a su vida y su trabajo y se lanzan a cantar a Sindo, a  María Teresa Vera o Matamoros.

Es un total infortunio que esto no ocurra más al ¿interior?, que viajen guitarra en manos los trovadores aunque no haya festival, no importa sin son 10, 15 o 20 los del público, Quejarse de tanto reggaetón, crear un decreto que ha traído más polémicas que posibilidades reales de matar lo que parece violento, obsceno o de mal gusto no deshace la mancha. Al fin y al cabo todo ese trap, balada cursi o reggaetón son solo la muestra de cómo anda este tiempo.

Foto: Yasser Landazuri

Cuando Berazain y Figueiral cantaban , yo me preguntaba qué iban a hacer lo de aquì aquí, a casi mil kilómetros del festival de cine, a cientos de dólares del festival de jazz, a camiones de toda esa cultura que se mueve en la capital cubana, de esos lugares donde ponerse una cerveza  delante cuesta casi una semana de trabajo.

Cuando yo era muchacho Pedro Luis Ferrer pegaba un tema a golpe de tradición pura, Silvio se daba el lujo de hablar de la damisela soledad con pamela impertinentes y botón y Moncada llenaba cualquier plaza hablando de un hombre que quiso mirarse por dentro y no era filósofo el tipo, ni sabio, ni eterno pero brillaban las estrellas. Ni  Gente de zona se salva de hacer concesiones, porque si bien Rufo Caballero decía que era alta literatura aquello de :” Yo tengo corazón pero está de vacaciones” . Hoy las influencias de la timba son escasas y más bien sobrevuelan la zona más blanda de la balada latina.

Vamos a dejarnos de cuento. No es el verso, son los oídos, atravesados como estamos por el consumo paradójico cubano,  ese huracán donde Shakira es la mejor cantante del mundo, El Romeo vende escribiendo aquello de tu corazoncito es mío y hasta el excelente músico Descemer Bueno llega a creer que no hay futuro para otra cosa que no sea el trap o el reggaetón. (No creo haya frase más distópica).

¨Esto es lo que nos hace falta que se haga en cultura. ¨Escribió en las redes sociales un usuario que asistió a la peña. Fue una de las , aproximadamente,  100 personas reunidas en el pequeño teatro de la casa de cultura local (Juan López Rizo, La Maya). Quizá no sea toda la verdad pero es la suya , la de alguien que cree hay que aportar a un diapasón más ,digamos, democrático.

En fin , quería en primera instancia agradecerles a Mauricio Figueiral y Adrián berazaín por haber estado, por dejarse entrevistar y hablar de sus canciones y cantarlas,  a la gente que estuvo, a la dirección de cultura, el proyecto JC y la Asociación hermanos Saiz. Ya comenzamos. Hay varios trovadores quienes han dado el sì, y es complicado porque la mayoría vive en la capital cubana, pero así fue el alma de Cable a Tierra cuando lo hice junto a Darián Hernández y otros colegas en la radio, así quiero que sea ahora. Lo saben bien mis amigos.  No es por moda que estallo y que empeño.